Nosotros también nos vamos

A estas alturas a ninguno se nos escapa la situación en la que se encuentra España. De hecho, que se convocaran dos huelgas generales en menos de ocho meses solo deja más claro el descontento en el que se encuentra inmerso el ciudadano español. Y los primeros en manifestarse, ¿quiénes son? Los estudiantes. Aquellos que están empezando a salir a la vida, al mundo, y se encuentran con que ese mundo que les han legado sus mayores está tan mal planteado que les elimina por completo las posibilidades de un futuro. O, al menos, eso es lo que parece. Hace poco me encontré con un publirreportaje muy interesante. La empresa Grand Thornton, con sede en Madrid y Barcelona, encargada de arropar a emprendedores y diversas empresas en estos tiempos de crisis, hacía acopio de cómo España, en este momento tan difícil es, a pesar de todo, un gran país con unas brillantes expectativas de futuro. A pesar de haber llegado a alcanzar el 25% en la tasa de desempleo, el turismo en España se encuentra en records históricos, en continuo aumento desde 2011, cuando se alcanzó la cifra de 57 millones de turistas, convirtiéndonos en el segundo país (después de EE UU) con más ingresos en el sector. Por otro lado, las exportaciones de bienes y servicios han crecido un 18% entre 2009 y 2011, reduciendo así, notablemente, el déficit de la balanza comercial.
Y aún no hemos empezado a hablar de las empresas españolas en el extranjero. Son empresas  que lideran la ampliación del Canal de Panamá, y TALGO, ADIF, RENFE y OHL serán las que lleven a cabo la conexión ferroviaria en trenes de alta velocidad entre Medina y La Meca. Repsol e Iberdrola poseen el mayor parque eólico de Escocia, Grifols es pionera en el estudio y lucha contra el Alzheimer, y Euromoney considera al Santander el mejor banco del mundo (2012), seguido muy de cerca por el BBVA. Por su lado, la compañía Inditex se ha convertido en una de las mayores multinacionales a nivel mundial, encargada de vestir a millones de personas en decenas de países de los cinco continentes, y la red de telefonía de Telefónica-Movistar comunica a 300 000 usuarios en 25 países.
Todas estas son solo algunas de las ideas que la compañía expone en su publirreportaje, que tiene como tesis que, en este momento difícil, se están creando nuevas y dinámicas empresas y que se está motivando la creatividad de los españoles para superarla.
Pero esta no es, desde luego, la imagen que tenemos los españoles de nuestro país. Por otro lado, los jóvenes de España, se están viendo cada vez más abocados a huir de aquí. Hace unos años nos preocupaba el éxodo rural, o cómo influiría la inmigración que llegaba desde África y Latinoamérica. Hoy nos encontramos ante una realidad muy distinta: son los jóvenes, el futuro del país, el que se une al éxodo hacia el extranjero, los que ahora se ven en esa situación de tener que irse de casa, de dejar todo atrás, para buscar un futuro mejor.
Estamos provocando que toda una generación, literalmente, huya.  Pasar una etapa de tu vida en el extranjero, ya sea trabajando o estudiando, es una de esas cosas que jamás se olvidan, pero nos estamos jugando el hecho de que ya no quieran volver a casa.
Están yéndose en silencio, cada día. Dejando atrás su tierra, sus familias, obligados a embarcarse en una nueva vida llena de incertidumbre, dejando patente el enorme fracaso en el que nos estamos ahogando como país. Cada uno de ellos mete en su maleta ese sentimiento de “aquí no me espera nada” para, por fin, poder dar uso de la poca base adquirida en esa segunda lengua extranjera que ofrecía el colegio, o que algún día tuvieron la feliz idea de estudiar. Porque toda esa generación que confundió el “ser alguien en la vida” con ganar dinero en lugar de ser una persona de provecho para la sociedad, les ha condenado al exilio.

Pero, en realidad, tal vez le estemos dando a todo esto un sentido que no tiene. Tal vez nos estemos olvidando de que, aunque sea cierto que esta realidad pueda ser dura, no debemos olvidar que ninguno de estos jóvenes que salen de España lo hacen huyendo del hambre, ni de la violencia. No peligra la vida de ninguno de ellos, ni se ha violado ninguno de sus derechos esenciales. Tal vez, más allá de todo esto, debamos hacernos la pregunta ¿y la situación a la inversa? El hecho de cómo se ha portado España con sus inmigrantes, de lo mucho que trabaja el Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR) para conseguir la aplicación del Estatuto del Refugiado a personas que llegan de situaciones realmente extremas y cómo muchísimas veces no se consigue. No nos centremos en que nuestros jóvenes se tienen que ir a Alemania o a Reino Unido para conseguir un trabajo “de lo que sea”, veamos también la otra cara de la moneda, la que nos dice que a pesar de ello, se van en una situación privilegiada, tanto por ser ciudadanos europeos como porque previamente su vida no ha corrido peligro, o han tenido la oportunidad de estudiar.
Debemos darnos cuenta de que sin aquellos que llegan, España se convertiría, poco a poco, en un país cada vez más envejecido, que iría quedándose paulatinamente más atrasado en desarrollo, en proyección de futuro. En definitiva, no serán nuestros jóvenes los que salgan perdiendo de todo esto cuando, porque tras haber superado las dificultades que traerá consigo el amoldarse a un nuevo país, acabarán por darse cuenta de que se han asentado, tienen amigos, un trabajo y, en definitiva, son felices lejos de España.

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